martes, 15 de octubre de 2013

Belleza e Historia de Stephen Boyd


Los poderosos ojos azules y la encantadora barbilla partida lo hicieron inconfundible, mientras su vida se narraba entre las líneas de la fuerza personal y ese destino que se prestó frágil como cristal. 
Era macho y vulnerable, clásico y nada convencional, serio y sonriente. Sí, en mil contradicciones vivió el hermoso, desafortunado, ardiente Stephen Boyd.
Stephen, el mismo que el público recordara por un solo papel, el mismo que el cinéfilo debería rescatar con ganas, con pasión, con una sonrisa, con lo mismo que Boyd entregaba a todo lo que hacía.
Se sabe que son legión los que se fascinan con Messala, los que tienden a buscar al actor detrás del personaje en otras películas, a hacerse fan y a lamentar por las oportunidades perdidas.
Quien lo conoce se confiesa enamorado de él. Yo mismo me declaro stephenboydista, sin complejos, desde hace tiempo, agravado con los años. 


Cuando se le nombra, tiende a decirse que Stephen Boyd fue "la estrella que nunca lo fue". Quizá el error estuvo en el mismo cálculo. Él lo sabía:
"Intentaron convertirme en una estrella, en un actor protagonista. Pues no soy ninguna estrella ni siquiera cuando pensaron que lo parecía. Soy un actor de carácter".
Cáracter tenía, y de actor, más de lo que muchos contemporáneos supieron apreciar. Algunos críticos decían que era hiératico y esos críticos debían estar ciegos, porque Boyd era lo contrario: todo intensidad, todo boca, todos ojos enfervorecidos. Se sumergía en personajes oscuros y apostaba por sus luces. No siempre ganaba, pero era sincero, personal, brillante.
Stephen Boyd era un hombre de fe, de calor, de rudeza. 


Su carrera en Hollywood coincidió con la peor de las épocas conocidas hasta entonces, donde un modo de hacer cine se iba a la basura de una manera lenta, agónica e incapaz de creer por la propia maquinaria. Stephen encadenó fracasos y la edad no le sentó demasiado bien. Él mismo se resistió e intentó luchar con lo inexpugnable, aceptando papeles que le interesaban antes que aquellos que le convenían, perdido en coproducciones baratas, nunca olvidado, siempre pendiente de retorno.
Murió pronto e injustamente, para que todavía quede en el tintero de los biográfos la verdad sobre ese actor inusual y ese placer privado llamado Stephen Boyd.


Nacido en una familia numerosa de Irlanda del Norte, William Millar se hizo mayor sin atreverse a entender la interpretación como una ocupación de vida. 
Durante muchísimos años, la compaginó con otros trabajos, tomando clases nocturnas, apareciendo en obras semiprofesionales, hasta aventurarse poco a poco en las rutas de interés de los escenarios británicos.


William Millar se convirtió en Stephen Boyd y se cuenta que estuvo a punto de morir de gripe en los primeros años cincuenta. La mala salud lo apartaba momentáneamente de las tablas, aunque volvió con más ganas que nunca. 
Sería Michael Redgrave quien lo descubriera en una representación. Por entonces, el joven Stephen trabajaba de portero y lo dejó todo para firmar un contrato cinematográfico con la Fox.
Su primer papel de relevancia cautivó. 
Era el espía irlandés que trabajaba para los nazis en "El Hombre Que Nunca Estuvo Allí", drama sobre un suceso real de la Segunda Guerra Mundial. 
En un papel secundario que devenía en centro de atención, Boyd, por primera vez, aparecía como el chico malo con aspecto de vivir en la casa de al lado e intenciones de lo más siniestras.
William Wyler se obsesionó con Stephen desde entonces.

Con Josephine Griffin en "El Hombre Que Nunca Estuvo Allí"

Sus ojos azules, su apostura rústica y su amplia sonrisa lo llevaron a Hollywood donde, desde el principio, lo colocaron para casi todo. Enamoraba a Joan Collins en "Una Isla Al Sol" para luego perseguirla a caballo en "The Bravados". 
Era un amor de galán alcohólico para Hope Lange en "The Best Of Everything", mientras seducía a Susan Hayward en el bosque canadiense de "Una Mujer Obsesionada".

Villano en "The Bravados"

Su querencia por los retos nunca lo apartó de Europa, donde interpretó por entonces a un seductor criminal español en "Los Joyeros del Claro de Luna".
Fue lo único aclamado dentro de una película hecha para gloria de Brigitte Bardot. Boyd y la Bardot eran belleza delante de las cámaras y se odiaron cordialmente detrás.

"Los Joyeros del Claro de Luna"

Se terminaban los cincuenta y llegaba la película más grande. Stephen Boyd era elegido por William Wyler como el tremendo villano en sandalias que fustigaba, literal y figuradamente, a Charlton Heston.
El asunto fue rocoso e hinchado para tal efecto y se llamó, por supuesto, "Ben-Hur".
En el multioscarizado espectáculo de tiempos cristianos, Boyd era Messala, pérfido romano que condenaba a su amigo del alma con la pagana voluntad de destruirlo.

Como Messala en "Ben-Hur"

Es la interpretación más popular de Stephen, aunque no sea ni la mejor ni donde más guapo aparece. 
Se puso lentillas para cubrir sus brillantes ojos azules y así parecer vecino del Lacio, aunque hay quien sugiere que Heston no quería competencia en cuanto al color de iris.
Aún así, Stephen se come a Charlton y sólo hay que ver la película para saberlo. Quizá, porque Boyd es el magnético malvado; tal vez, porque era todo lo actor que no era Heston. 
Ese vozarrón, esa fuerza y esa imperial mirada desde la cuádriga tuneada mereció un Globo de Oro, aunque, increíblemente, ni siquiera una nominación al Oscar. 
Soy de la opinión que el único premio de la Academia importante que merecía "Ben-Hur" era Stephen Boyd, porque es lo auténticamente novedoso e iniciático de esa película.

Con Charlton Heston en "Ben-Hur"

A continuación, se sembraba el camino para más días de Hollywood con Stephen, si bien el idilio se torció pronto, achacable a esa necesidad susodicha de devenirlo en actor de primera línea.
También sería el discreto resultado de muchos de los proyectos en los que se aventuró. Puede decirse que tuvo suerte cuando Elizabeth Taylor se puso enferma y él, que iba a ser Marco Antonio para su Cleopatra, saltó de ese ruinoso barco.
Pero en aquellos años sesenta, todos se montaban en ruinosos barcos como "Cleopatra". 
Stephen señalaría "La Caída del Imperio Romano" como la culpable de acabar con su carrera en el cine norteamericano.
En ella, interpretaba a Livio y lo tiñeron de rubio, no con demasiada fortuna estética.
Esta producción de Samuel Bronston es una joya dentro del cine épico y no merecía su terrorifico fracaso comercial, que condenaría a productor, director y actores a una oficiosa lista negra.

Con Sophia Loren en "La Caída del Imperio Romano"

El último éxito de Stephen en Hollywood fue la divertida aventura "Fantastic Voyage", donde era parte de la tripulación minimizada e introducida dentro de un cuerpo humano.
Pero el mismo año llegaba otro Waterloo de su carrera: "The Oscar".
En un reparto all-star, Hollywood todavía confiaba en Stephen Boyd para encabezar una sátira que pretendía desvelar el lado oscuro de la industria del cine.
El resultado es una de esas experiencias que hay que ver una vez en la vida: un reconcentrado de ineptitud y camp a todos los niveles que es imposible de creer.
Stephen, aún en su peor y más incontrolado registro, está hipnótico y delicioso en "The Oscar".

Como Frankie Faine en "The Oscar"

Quedaron muchas aventuras cinematográficas, pero su estela se disipaba en la bruma durante los años siguientes. 
Como muchos intérpretes de entonces, Europa y los subproductos terminaron por ser una manera de permanecer en activo, con el nombre por encima de títulos indignos.
Él nunca cejó en buscar calidad. Al menos, algún interés en lo que hacía, y muchos directores y compañeros lo recuerdan como un buen tipo en una profesión escasa de ellos.
A mediados de los setenta, se planeaba volver a Hollywood y hasta apareció en un episodio de la serie "Hawaii 5-0" para ratificarlo. 
Había envejecido rápido, aunque el hoyuelo, la mirada y la voz seguían zampando la atención. 


Y un día triste, jugando a golf, con sólo 45 años, le dio un infarto y adiós.
Sucedía en California en 1977.


Sobre su vida privada y sus verdades íntimas, restan interrogantes o, mejor dicho, todavía no se han buscado las respuestas de la manera que se ha hecho con otras personalidades. 
Corre el rumor de que fue uno de los primeros actores en interesarse por la Cienciología, cuando esta no era tan poderosa como ahora.
Y, pese a sus dos esposas, parece claro que Stephen era de los míos.

"The Third Secret"

Sus dos matrimonios fueron breves y de intenciones sospechosas. La primera vez, durante el rodaje de "Ben-Hur", duró menos de un año, con una productora italiana. Veinte años después y poco antes de morir, Stephen maridó con su secretaria.
Sería Gore Vidal quien aseguraría en uno de sus libros que Stephen Boyd era gay y llevaba una vida como tal.
Vidal lo ratificó cuando fue entrevistado a propósito de "Ben-Hur", donde fue guionista sin acreditar.
Aseguró que quiso entonces darle una razón congruente a la venganza de Messala y se permitió introducir una velada pista de que había tenido algo más que amistad con Judah. 
A Heston no se le dijo nada, vive Dios, pero Wyler y Boyd estaban enterados. 
Cuando se ve la escena del reencuentro, la insinuación es clara. Según Vidal, Stephen la interpretó con especial deleite.

Con Charlton Heston en el rodaje de "Ben-Hur"

La homosexualidad de Stephen Boyd se ha leído también en las líneas de la autobiografía de Raquel Welch. 
La bella aseguró que, cuando coincidieron en "Fantastic Voyage", estaba loca por ese hoyuelo y, una noche, le pidió a Stephen que subiera a su habitación a tomar una copa.
En el ascensor y ante los avances de la Welch, él dijo que nanay, asegurando que no estaba interesado en las mujeres. Raquel entendió que era la única del barrio que lo desconocía. 
Y, bueno, si le dices que no a Raquel Welch, especialmente en aquel mono que llevaba en "Fantastic Voyage", eres gay o eres ciego. O las dos cosas, porque yo no sé qué le contestaría, sinceramente.

Con Raquel Welch en "Fantastic Voyage"

Sé que a Stephen Boyd le diría que sí, mil veces y sin dudarlo. 
Como el caballero murió antes de que yo naciera, he de conformarme con las películas suyas que estoy recuperando, algunas muy curiosas, otras realmente grandiosas y apenas conocidas, como "The Third Secret", por ejemplo.
Se ha escrito y dicho tan poco sobre él, que cuando lo veo y calibro su valía, se diría que estoy ante el debut de Stephen Boyd, al principio de su importancia, paciente por su consagración.


El cine es inagotable. Cuando pareces haberlo devorado todo, cuando crees que sabes lo suficiente, siempre quedan mil maravillosas cosas por hallar..
Indescriptible goce cuando además vienen con barbilla partida, pelo ensortijado, ojazos brillantes, sonrisa de miedo, pantorrillas carnosas, perfecto trasero y toneladas de talento infravalorado.
Es un buen día para abrir la ventana y gritarlo:
- ¡Amo a Stephen Boyd, joder!

6 comentarios:

  1. Gracias por darnos a conocer un poco más a Stephen. La foto en la que está más maduro parece un retrato romano.

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  2. Oh, qué alegrías me das con esta sección. Da un poco de penilla el periplo de este hombre, que podía perfectamente haber llegado a ser mucho más conocido porque menuda planta tenía, con esos ojos y esa barbilla, y al final...
    Y yo sin haber escuchado la voz de este hombre! En breve lo remedio...
    Besotes!!

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  3. tenia una voz agradable, sonora, voz de hombre y yo lo amo más

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  4. Como Umberto D'Orsi del que hoy se cumplen 40 años de su muerte , Stephen Boyd para la edad que tenia a la fecha de su deceso habia envejecido rapido . En la foto con camisa cuadrille puede notarse . Yo casi estoy en la edad de D'Orsi Y Boyd al morir y estando muy lejano de su belleza me conservo mucho mejor que ellos . Aun a la cuarentena conservo cara de nene como Damon , Di Caprio o el sexagenario Darin . Tal vez seria la epoca , menos medicinas , el stress de vivir una doble vida tan patetica el pasar de una carrera de star a hacer pseudo basuras en italia y españa . Que se yo . Pero muchas estrellas de entonces a los 30 y pico se los veia envejecidos prematuramente como Maurizio Arena o Warren Oates . Gracias por esta excelente web page donde como bien dices podemos conocer un poquito mejor a algunos de aquellos actores que tal vez por su perfil bajo o discrecion el paso del tiempo habian arrinconado sus historias y carreras en un rincon lejano y olvidado . Graaaaaaccccccciiiiaaaassssss .

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  5. Stephen Boyd, un grande, olvidado. Cargado de talento, quien se extinguió antes de tiempo. Una belleza su interpretación de Messala en Ben -Hur. Y a mi modesto entender la versión de Ben-Hur de Willian Wyler es superior a la que se estrenó hace unos años, con grandísimos actores y efectos especiales... Pero no hay comparación Stephen Boyd y Charlton Heston... La mejor película de la historia... Y con el perdón de los gays, me hubiera encantado que fuera heterosexual, Stephen tienía un atractivo sin límites, aun con los lentes de contactos oscuros, su voz penetrante, su fuerza en la mirada, su sonrisa su porte...Wow... hay que juntar varios actores hoy en día para lograr eso.

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  6. Conoci a Boyd en Ben Hur y tambien me hice adicta a él, busqué su filmografia y me gusta mucho su actuacion en "Gengis Khan" junto a Omar Shariff....muy lindo siempre

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