viernes, 14 de septiembre de 2012

"Romeo + Julieta"


Baz Luhrmann se revelaba como cineasta controvertido, omnipotente y digno de atender gracias a su personalísima mirada a la historia de amor más famosa de todos los tiempos.
Era 1996, y "Romeo + Julieta" se alineaba en una moda cinematográfica, que había revisado, a todo lujo, clásicos literarios como "Drácula", "Mujercitas" o "Frankenstein". 
El resultado de todas esas adaptaciones - unas más afortunadas que otras - supuso, en general, un paso adelante en la interpretación literaria a través del cine y también en la comunicación de los grandes títulos a las nuevas generaciones.


"Romeo + Julieta" irrumpió como la más provocadora, despojándose de la escenografía original de la obra de William Shakespeare. 
Verona era ahora Verona Beach, una versión grotesca de la contemporánea ciudad de Los Angeles, y los Montescos y los Capuletos se comportaban como bandas rivales que no portaban espadas, sino pistolones grabados con iconografía de la Virgen. 
Tanto la banda sonora como el montaje hicieron que los críticos escribiesen, de manera unánime, que esta película era un Shakespeare dedicado especialmente a la generación que creció con la MTV puesta.

Los Montesco

No hay duda de que el montaje es estrella, mientras el suntuoso y ecléctico diseño de producción se mueve entre lo sublime y lo kitsch, sin que pueda diferenciarse en última instancia, tal y como sucede en los vídeoclips.
Pero el "Romeo + Julieta" luhrmanniano no es sólo MTV; es un conglomerado de fascinaciones, donde se inserta toda la Historia del audiovisual. 
Como el "Drácula" coppoliano, acepta sin complejos su condición de supremo pastiche.

John Leguizamo como Tybalt Capuleto

El contraste entre la escenografía sincrética y los diálogos originales se revela chirriante, desconcertante a un primer oído, a un primer vistazo.
Se impone la pregunta en la escena de apertura: ¿Se está riendo Luhrmann de la obra de Shakespeare? 
Las intenciones del director se desvelan pronto en un estimulante juego que contextualiza y descontextualiza lo narrado.

Harold Perrineau y Leonardo DiCaprio como Mercucio y Romeo

A la manera de Douglas Sirk y como buen epítome de lo posmoderno, Baz Luhrmann establece un espejo entre el contenido y el estilo. 
El amor se escribe en letras de Coca-Cola, pero, a la vez, aparece transparente y sincero en la intimidad de los protagonistas. 
Y también como Sirk, Luhrmann podrá parodiar lo que está contando, pero, a la vez, se compromete fuertemente con ello, lo enaltece. 


El resonar de la tragedia sigue presente entre el pastiche. Y se potencia gracias a él. 
Lo delicado de las miradas y caricias de los tortolitos irrumpe con mayor sensualidad y efecto en medio de los disfraces, los decorados, las canciones pop, la sensación general de disparate. 
Luhrmann halla la verdad romántica dentro de su pasarela de lo camp, encontrándose con el teatro del Bardo a través de su propia teatralidad.
Es por ello, que esta "Romeo + Julieta" sea, inesperadamente, la versión cinematográfica más poderosa de todas las que se han hecho sobre esa pieza de Shakespeare.

Claire Danes como Julieta

"Romeo + Julieta" no fue la primera película en devastar un mito literario para reconstruirlo - recordemos, por ejemplo, "El Fantasma del Paraíso" -, pero sí fue la primera vestida de superproducción hollywoodiense, que alcanzó un gran éxito y no pidió perdón por la presunta blasfemia.
Porque, en esencia, la blasfemia no es tal, en cuanto el espíritu es el mismo y la fidelidad al argumento original se observa mayor de la que se esperaría de cualquier transgresión.
Ahí está la lucha entre los sentimientos nobles y negativos, entre la violencia y el amor, entre la venganza y la conciliación; el mundo de lo irracional, que media las luchas y construye la vida de los seres humanos, desde sus lazos familiares hasta los trágicos accidentes de la existencia.
El amor juvenil e inconsciente de Romeo y Julieta traerá la paz, pero no sin antes pagar el más trágico de los precios.

El juguete del destino

Decía cierto cronista, con mucha sabiduría, que lo esencial para adaptar al Bardo reside en la dirección y los actores protagonistas. Y que "Romeo + Julieta" cumplía ese requisito.
Sin duda, las interpretaciones de Claire Danes y Leonardo DiCaprio, a los que se intuye escrupulosamente guiados por Luhrmann, son la llave de la repercusión emocional que tuvo y mantiene esta película.


¿Es esta obra el fruto de un director que no tiene vergüenza ninguna? 
Diríase mejor que "Romeo + Julieta" es el ejemplo de un director que no tiene miedo a comunicar su universo. Y, al menos en esta ocasión, lo hizo de manera impecable.


El tiempo ha hecho que "Romeo + Julieta" no resulte tan mareante como en 1996, ni tampoco tan irreverente como sus partidarios señalaron entonces. 
Digamos que ha perdido su capacidad de irritación, tanto para bien como para mal.


En cambio, sí se conserva imaginativa y terriblemente hermosa, con ese halo de distinción que se alcanza a la par que la condición de clásico.

3 comentarios:

  1. Las versiones de Wise & Robbins, Zeffirelli y Luhrmann son las mejores adaptaciones de una obra imperecedera y atemporal. Me encanta el diseño artístico de esta peli filmada en mi país, la belleza de los protagonistas y el bailecito de Mercucio travestido al ritmo del "Young Hearts Run Free". Es una de las mejores pelis juveniles de los 90's.

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  2. Recuerdo que la vi totalmente llena de prejuicios ("ay, madre, a ver qué versión horripilante han hecho", "por favor, DiCaprio no!", etc.) y cuando terminé de verla me los tuve que comer todos. Adaptar una novela no es seguirla al pie de la letra, es conservar su esencia aunque la vistas con unas ropas totalmente distintas, y esta película lo logra con creces

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