miércoles, 12 de septiembre de 2012

Lucky In Love

 

Esta tarde, me caí de culo.
Juro que no había bebido ni una gota de alcohol, por si alguien se lo está preguntando. 
Fue una caída de las tontas. Me levanté de la silla giratoria un instante, ésta se movió y, cuando fui a sentarme, ¡al suelo con todo el equipo!
Una caída tonta. Tan tonta que, por su imprevisión, me hizo quedarme quieto unos segundos, dolorido, ahí tirado, mirando a todos lados, sin entender la situación, incluso preguntándome si seguía vivo. 



¡Asesina!

Podría haber dicho perfectamente:
- ¡Esto es culpa de la crisis!
En cambio, miré a cámara y dije:
- Si me hubiese muerto ahora, ¿mi vida habría sido sólo una imitación a la vida? Sin amor, ya sabes...
Hace unas semanas escribí que, de todos los hombres con los que había estado, ninguno me había resultado realmente interesante. Como buen dramático, fue una exageración. Claro que me han interesado algunos.
Podrían contarse con los dedos de una mano, porque el amor, sus derivados, sus posibilidades, sus sucédaneos, sus aperitivos, sus sís pero no; todo lo conjugable tiene el sello de lo excepcional.


Nunca he tenido suerte. Como cantaría Judy Garland, ni siquiera he saltado al juego. He tenido historias, principios, imitaciones de relaciones, pero nada que haya prosperado.
El coro, que me escucha en este escenario de mi imaginación, se revuelve, hace uuuuh, pregunta porqué.
- No lo sé, no soy afortunado sentimentalmente.
- Ten paciencia, deja de buscar, el tuyo te está esperando. 
Qué coro tan entrañable. Seamos sinceros: hay gente que nunca encuentra la realización romántica y, tal vez, yo sea uno de ellos. 
Como he dicho, es cuestión de suerte. 
Existen horrores que tienen novio, y existen encantos que debemos contemplarnos en el espejo y, como Barbra Streisand, decirnos:
- Hello, gorgeous!

Barbra Streisand en "Funny Girl"

Muchas veces he pensado si necesito amor real o estoy enamorado del amor épico que he visto en las películas. 
Es decir, si el primero me saciará lo suficiente para olvidar todas esas historias que he sentido tantísimo en el cine. El amor como asegurador de trascendencias, el que se realiza o muere, pero siempre va asociado a la palabra Fin. 
Según el amor que he visto en amigos y conocidos, hay muchos finales, muchas amarguras, muchas desazones. 
He sido testigo de cada historia que, en ocasiones, se me han quitado las ganas de aventurarme en semejantes cerros de orgullos, celos, cadenas de rutina y portazos de frustración.

Elizabeth Taylor y Richard Burton

En cualquier caso, debe ser bonito mientras dura. Y más si perdura, más si es bueno. 
En los últimos tiempos, dos de mis lectoras se han casado con sus respectivos galanes y han puesto las fotos en el Facebook. Se las veía con una felicidad tan profunda, tan serena. No sonaban violines como en el amor del cine, pero era igual de hermoso: un momento donde todo funciona.
¿Lo conseguiré alguna vez o tendré que asumir mi proverbial papel de honroso espectador de los amoríos de otros?


El coro, ansioso, vuelve a preguntar:
- ¿Por qué, señor Montez, no tiene usted suerte en el amor? ¿Hubo alguna noche en la que pensó que mañana lo tendría?

June Allyson y Peter Lawford en "Good News"

En tantos años como seductor - o putón verbenero, para ser exactos -, podríamos establecer tres dormitorios, tres caballeros, tres momentos de amor o de su imitación, tres promesas. 
Al primer caballero lo llamaremos Platónico. 
Platónico se está poniendo el pantalón para marcharse, me mira un instante y me dice lo cansado que está. Tengo veinte años y creo verdaderamente que es el hombre de mi vida. Me da su teléfono, me asegura que se lo ha pasado muy bien, se va. 
Yo miro a cámara:
- Ahora no lo sé. Pero nunca más volveré a acostarme con él. Sufriré mucho, como si estuviese envenenado, y jamás lo olvidaré, porque es el primero, el que me sedujo, el que parecía más inteligente que los otros. Tan guapo, tan adecuado. Me enamoraré de la idea, pensaré en todas las cosas que haremos juntos, planearé nuestra vida. Él no me corresponderá, pero sí me permitirá conocerlo y saber que el amor platónico es la sombra del filosófo en la caverna. Sabré que este tío es un capullo, un guarro, un infeliz y he tenido suerte de que no tuviera ganas de empezar ninguna clase de relación conmigo.

Cupido no trabaja hoy

El segundo se llama el Pianista. Me mira, me toca, dice que mi rodilla es suya, que mi cuello es suyo, que soy suyo, que soy perfecto, que soy precioso, qué precioso.
Miro a cámara y respiro profundamente:
- Han pasado casi diez años desde el Platónico. Toda una vida. El Pìanista es lo más cerca que he estado y, a la vez, lo más lejos. Me presenta a sus amigos como su novio, me lleva a la sierra, me promete hasta que se va a casar conmigo. Es el más interesante de todos los hombres con los que me he cruzado. Es artista y está loco, como yo... Pero, en unos días, justo cuando cambie el estado civil en el Facebook, justo cuando me lo crea, el Pianista se irá y no sabré nada más de él. Dirá que me va a llamar y no lo hará. Se esfumará. Un amigo suyo se me acercará en un bar y se disculpará en su nombre. Yo haré lo indicado: me acostaré con seis tíos a lo largo de dos semanas para olvidarlo. No lo conseguiré.


El tercero es mejor conocido como el Señor Perro. Se acuesta a mi lado. No sé si vamos a follar o no. No para de hablar, de hablar, de hablar. Creo que no vamos a follar. Estoy lejos, muy lejos.
De nuevo, a cámara:
- Esto fue en 2011. Va a ser un año horrible y este Perro va a tener parte de culpa. En realidad, no me importa, porque sé que es un imbécil y la cosa ha empezado fatal. No quiere compromiso de ningún tipo. Una noche, se besará con otro en mis narices y no entenderá mi enfado. Un día, dejaré de contestarle al teléfono, de puro hartazgo. En cualquier caso, es el que más va a durar. La relación más verdadera, intensa y jodida que tendré hasta ahora.  Curioso, ¿no?
- ¡El amor está a la vuelta de la esquina! - exclama el coro -  ¡La crisis se acabará!
- Pero yo lo necesito ahora, señores míos. Por si acaso me muero. Por si acaso sólo estoy viviendo una imitación a la vida.
- Acuérdate de aquella tarde - replica el coro.

Lana Turner y John Gavin en "Imitación a la Vida"

Entonces, me acuerdo de aquella tarde, tendido en el sofá. Tendría unos diecisiete años y fue cuando intuí que no tendría suerte con los hombres. No sé cómo, pero, desde ese momento, lo supe.
Pero, desde ese momento, también me di cuenta que ya tenía amor. Que lo conocía muy bien. Que lo ejercía todos los días. Que amaba tantas cosas, con pasión, con furia, con decisión, con obsesión. Que amaba a la vida, a las personas, al mundo, a mis amigos, a mis familiares, al cine, a mi urgencia por escribir.
Que sufría cuando las cosas que no salían como yo pensaba, que me encontraba con la decepción, que se interponía la inseguridad, que intervenía el paso del tiempo, que todo se terminaba para volver a empezar otra vez.
Aquella tarde, no sabía que también amaría a los lectores que hoy me aplauden a diario, a las canciones que jamás sabré cantar, a lo que me queda por escribir, a las copas que nunca me tomaré, al perro que he de adoptar, al país que veo caer, a la justicia por la que rezaré.
Que amaría las ganas que tengo de volver a verte. Que amaría mi dignidad, que amaría la esperanza. Que me amaría a mí mismo. Hello, gorgeous! 
Y que amaría al amor, real o ficticio, eterno o casual. Qué más da. ¡Lo sentí aquella noche! ¡Fue verdad!
He vivido y vivo tantas historias de amor, que nunca podría decir que mi vida ha sido una imitación a la vida. 
Porque nunca he renunciado a los sentimientos. No por voluntad, sino porque me ha sido imposible. Son los que construyen mis sueños, son los que inspiran mis días, son los que escriben estas líneas.
El coro se pone la mano en el pecho y, declamando, me señala y dice:
- Josito, el Amor... eres tú.


Quizá todo esto sea alabar las bondades del primer plato cuando se está deseoso de que llegue el suculento segundo. 
Pero, si mañana me cayera de la silla, con peor suerte, para ver el blanco techo, mientras mi respiración se detiene, mi corazón falla y mis ojos se cierran, podría decirme, para irme tranquilo, confiado y siempre mirando a cámara:
- He amado. Supongo.

9 comentarios:

  1. Me ha encantado. Algo parecido me pasa a mí estos días (no la parte de conocer tanta gente), lo de pensar que probablemente no tenga suerte ni conozca el amor de pareja. It's not right, but it's okay, como diría la Houston.

    ¡Grande!

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  2. Preciosa reflexión... Rebosa amor por todo lo que hace y eso se transmite.

    Desde mi experiencia decirle que, cuando dejé de buscar, encontré. El primero y el último (sí, soy una clásica). Y hasta hoy. Catorce años ya.

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  3. Muy buen escrito. Y me identifico totalmente, supongo que la espera es una forma de aprendizaje. Pero honestamente, no entiendo la lección :)
    ¡Saludos!

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  4. Te sigo desde hace tiempo y hasta ahora no me había dado por escribir -y eso que te recomiendo y he llegado a citarte- pero siempre acabo tus posts con la sensación de "me ha gustado (o no) pero qué bien escribe este hombre! Quién pudiera..." Este es el post definitivo, con el que me he decidido ha expresar mi admiración por tus letras, que emocionan tanto y de una forma tan bonita, que me da pena que no escribas los fines de semana. Grande no, Muy Grande.

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  5. Muchas gracias a todos. Que el destino os colme de "luck" romántica, mis queridos.
    Y speakin mind, sea usted bienvenida.

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  6. Mi Josito, seguro que ha habido muchos pretendientes que han suspirado por ti. El hecho de que ninguno de ellos te llamara la atención será porque intuías que no era el momento -y además tú te quieres mucho a ti, ¿a que sí?; juraría que en algún momento tú has sido el amor de tu vida-.

    Con todo, los grandes amores no tienen necesariamente que durar mucho tiempo.. aunque ahora que se te siente en un momento de cambio, lo mismo te sorprende un keeper.. por si acaso, no te caigas más de la silla.

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  7. Oh, por los dioses nuevos y los antiguos. Nunca he estado más identificada con uno de tus textos.

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  8. :') Siempre he pensado lo mismo pero desde una perspectiva menos poética.

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