lunes, 16 de septiembre de 2013

Wentworth Miller


El largo trago de amargura que hemos degustado cual veneno durante este verano tiene el nombre de Rusia.
Las noticias sobre los estragos de su reacción homófoba me han puesto enfermo, me invitan a apearme del mundo y, tal vez para aplacar la rabia, deba escribir algo más extenso sobre todo lo que siento y pienso al respecto este próximo jueves.
Como no hay grandes males que por pequeños bienes no vengan, nuestro caballero de hoy nos arrancaba una sonrisa de júbilo entre la sensación de bodrio.
Así, cuando el actor británico Wentworth Miller recibía una invitación del citado país para un sarao festivalesco, él les contestaba que ni de coña, que él es gay, que por ahí no asoma.


El outing de Wentworth Miller ha sido para aplaudir hasta que las manos sangren; entre otras cosas, porque ha hablado de la importancia de las figuras públicas en estos graves asuntos. Más allá de sus dotes artísticas y su deseo de privacidad, hay ocasiones en que tienen que dar un paso adelante, brindar ejemplo y enseñar el dedo ordinario si es preciso.
Wentworth, conocido por ser Michael Scofield en la serie "Prison Break", llevaba leyendo rumores en torno a su homosexualidad desde que se hiciese cara televisiva, allá por 2005.


Entre los miedos y las reservas, nunca dijo nada y hasta llegó a negarlo cual San Pedro, preguntado al pairo en un par de entrevistas. 
Porque no sólo Rusia es homófoba, sino también Hollywood. Desde luego, no con ese grado de violencia esquizoide, pero sí de una manera más sibilina. 
A muchos actores se les disuade de una salida armarística por aquello del "no te van a creer con un pistolón y una rubia al lado".
El machismo de los magnates cinematográficos se contagia al estilo de las superproducciones, se beneficia del miedo a públicos reacios a aceptar estrellas gay y, como resultado, los actores se acobardan en nombre de sus carreras.


Quizá como Matt Dallas, Wentworth ya no tenía nada que perder, porque tampoco ha ganado mucho por el camino.
Con "Prison Break", se ganó los fans y la atención pero, salvo apariciones puntuales - y algún que otro cambio de peso nivel acordeónico -, lo único importante de Miller ha sido rubricar bajo seudónimo el guión de "Stoker".


Ahora, tiene 41 años - ¿puedes creerlo? - y una necesidad de contarlo todo, que ha pasado por relatar un intento de suicidio, acaecido en sus años de adolescencia. 
Wentworth ya es el nuevo portavoz de los derechos LGBT y la GLAAD lo acoge bajo sus alas.
La prensa vuelve a hablar de él, mientras los fans agradecen la honestidad y llegan otros nuevos. ¿No ves cómo era para bien, alma de cántaro?


Además del outing, hoy, que es lunes maromial, también celebramos lo mono que es Miller.
Los rasgos hipnóticos de Wentworth vienen de una mezcla racial considerable, aunque lo mejor siempre han sido los ojos que, unido al pelado, le dan un aire a hombre del futuro, superación perfecta y hairless para tiempos mejores. 
Gay, no gay, albañil o carpintero, este bellezón anda bastante desaprovechado y no sé si ha tenido que ver el encasillamiento en el convicto evadido, su homosexualidad - confesa ayer, sabida desde el primer día - o lo gordete que se puso hace unos años. 
Como ha vuelto a la palestra y la ha pintado de arcoiris, esperemos que Ryan Murphy o algún otro showrunner de nuestro equipo lo llame prontamente para algún papel de enjundia.


Haciendo memoria, ya se puso brevemente a las órdenes de Murphy en aquella serie de finales de los noventa llamada "Popular", en la que Miller intervino como un chico que quería ser cheerleader y era lo suficientemente bitchy para conseguirlo. 
Sí, había pistas y hasta pruebas evidentes.


Mucha gente asegura que no le importa la orientación sexual de los actores - quizá prefiere no saberla - y yo mismo siempre he dicho que celebraré el día en que no sean noticia.
Pero, si Brad va con Angelina delante de las cámaras, ¿por qué no Neil Patrick con David? 
Y, hoy por hoy, como continúa el panorama, todos los outings son necesarios, válidos y hasta milagrosos.


Si los actores armarizados al completo decidieran dar el paso de Wentworth, cambiarían las cosas en Hollywood de manera drástica y también a lo largo del mundo, especialmente en aquellos lugares donde el problema principal es la ignorancia en torno a la homosexualidad. 
Nadie duda a estas alturas de lo que muchísimo que valió el giro a la verdad de Rock Hudson, ni tampoco las recientes confesiones de nenes como Ricky Martin, Anderson Cooper o Matt Bomer.
Se me ocurre ponerme idealista, hasta romántico, y pensar que la sinceridad de Wentworth llega hoy hasta el hogar de algún adolescente ruso y lo invita a tener esperanza, a ensoñarse con el día en que interprete su privado prison break
Oh, la libertad, aún más guapa que Wentworth Miller.

2 comentarios:

  1. Cuánto queda por hacer aún. Olé por Wentworth y basta ya de tonterías, que a mí me seguirá poniendo su permanentemente fruncido ceño y esa mirada que en casa bautizamos como "pose a lo Scofield". Gracias por traer a este señor que nos hizo soñar con ser médicos en una prisión...

    P.D.: No hay foto mala en este post ;)

    ResponderEliminar
  2. 41 años?!?!?!?! Me he quedado muerta, si aparenta 30!
    La verdad es que este chico no me pone especialmente (y tampoco he visto Prison Break) y me da mucha pena que los gays tengan que decir públicamente que lo son cuando un heterosexual no lo hace. Pero dicho esto, no puedo aplaudir más lo que ha hecho, anda y que le den a Putin y a aquellos que le apoyan. Como actor no me había ganado pero como persona, sí.
    Besotes!!

    ResponderEliminar