viernes, 8 de febrero de 2013

"Érase Una Vez En América"


Canto del cisne del cineasta italiano Sergio Leone, "Érase Una Vez En América" proponía una saga gangsteril con la voluntad de ofrecer una obra definitiva.
El resultado de la operación fue una película enorme, sometida a diferentes montajes en sus distintos estrenos, algunos vividos como auténticas masacres del original, que la hicieron un título incomprendido y un tanto maldito. 
Los años y las exhaustivas recuperaciones de metraje han permitido el visionado en creciente amplitud de "Érase Una Vez En América", así como su calificación de obra maestra. 
Obra maestra o no, se trata de uno de los films más ambiciosos y cautivadores nunca perpetrados, sólo posible desde la mente apasionada y obsesiva de Sergio Leone.
A estas alturas, "Érase Una Vez En América" se reconoce como una experiencia cinematográfica de gran calado, a la que se ha de volver una y otra vez.


Basada lejanamente en una novela llamada "The Hoods", pero también con inspiración confesa de "El Gran Gatsby" y "Martin Eden", "Érase Una Vez En América" relata la historia de Noodles, un chico nacido, crecido y gangsterizado en el barrio judío de Nueva York.

Robert de Niro como Noodles

Desde un fumadero de opio, donde una lejana llamada telefónica interrumpe su paz, se cuentan, de manera desordenada, los años cruciales de su existencia, desde la creación de su camarilla de pequeños delincuentes hasta su esplendor como contrabandista de alcohol durante los años de la Prohibición.
La traición es la cuenta pendiente, pero también el amor, aparecido en la niña Deborah que baila en el almacén, convertida en la mujer indiferente que nunca lo corresponderá.


Al final, la traición está en el propio recuerdo, que se muestra brumoso e inasequible a la verdad, cual efecto del opiáceo humo. 
Como en "El Hombre Que Mató a Liberty Valance", la historia oficial de lo sucedido es aquello que nos contamos para dormir, reacios a saber y entender la verdad.


La temática profunda se desgrana desde la revelación fotográfica de la Historia de un país, vertebrado desde los harapos a la riqueza, contado desde la continuada deslealtad a sí mismo, donde los grandes hombres fueron pequeños rateros, esos que se cambiaron el nombre y vistieron de aristocracia.
El individualismo y la avaricia de los personajes se contraponen irónicamente a su férreo sentido de la amistad y la pertenencia racial. Entre uno y otro, se cuecen sus riquezas y sus arrepentimientos. Entre uno y otro, se cuentan sus vidas y sus recuerdos.

James Hayden, William Forsythe y James Woods

El final de "Érase Una Vez En América" es tan ambiguo como sus personajes, que pueden ser inmortales o simple basura para el camión.
También son ambiguos sus sentimientos, desconocidos desde su corrupción integral, resumidos en una sonrisa tonta en el fumadero.


Además de esta riqueza argumental y temática, es imposible sustraerse al poder audiovisual de "Érase Una Vez En América".
Evoca un pasado desgarrador y sangriento como una fascinante pesadilla, dentro de una textura visual pocas veces alcanzada, rematada por la maravillosa banda sonora de Ennio Morricone, que pone en guardia desde el primer momento.
La música destila a la perfección la película: entre lo poético y lo realista, entre lo artístico y lo hortera, entre lo cautivador y lo desazonador.

Danny Aiello

Sergio Leone, conocido por sus estilistas spaghetti-westerns, se acercaba en esta ocasión al genéro gangsteril para depurar la épica del género y extraer poesía de su kitsch.
Desde el inicio, la película es un homenaje al cine y a la cultura popular, donde cabe "Amapola", "Yesterday", Irving Berling y la tradición pictórica de los maestros norteamericanos. 
"Érase Una Vez En América" es una fulgorosa imitación de sensaciones audiovisuales y licencias artísticas, integradas en la característica puesta en escena de Sergio Leone: esos lacónicos planos que se interrumpen con súbitos estallidos de violencia. 
"Érase Una Vez En América" funciona como la depuración del estilo Leone, desde el mismo momento en que lo transporta al discurrir urbano de Nueva York.
Y, como toda la filmografía del director, es una mirada forastera a la Historia y la cultura norteamericanas. Forastera, pero irónicamente certera, como si la lejanía pudiese captar mejor los matices.


Las deudas inmediatas de esta obra están en el cine de la década previa y, obviamente, en "El Padrino".
Podría aventurarse que su estética y vibración nacen directamente de los flashbacks de "El Padrino II", protagonizada también por Robert de Niro.


Ahora la bebedora es fuente y se la entiende como título influyente.
"Érase Una Vez En América" supone una alargada sombra para muchos directores contemporáneos, por ese cóctel de forma y fondo, arte y pop, Historia y género. 

Brian Bloom como el joven Patsy

"Érase Una Vez En América" no es una película fácil. Es violenta, parsimoniosa y la identificación con sus complejos personajes se revela tortuosa en ocasiones. Título de tan múltiples lecturas requiere múltiples visiones.
Y no hay mayor ejemplo de la dificultad que servidor, quien gustaba de cuestionar esta película en sus más encendidos debates cinéfilos y calificarla de "mamotreto pretencioso y machista".

A la izqda., Tuesday Weld como Carol

La convicción tenía que llegar algún día y quizá también la capacidad de comprenderla y sentirla. 
Ahora puedo decir que "Érase Una Vez En América" es emocionante, dolorosa y bellísima de principio a fin.


"Érase Una Vez En América", estrenada en 1984, fue capítulo final de la carrera de Leone, pero también de la corriente revisionista del cine moderno que eclosionó durante los años setenta.
Sin duda, un canto de cisne para un añorado tipo de empresa cinematográfica por la que se apostaba todo y se vivía como una experiencia integradora y reveladora de verdades históricas, sociales y morales. 
Es esta una película larga y complicada, pero con muchísimo que decir y expresar. Ahora, desafortunadamente, las películas sólo son largas.

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