martes, 29 de julio de 2014

Glorias y Pecados de Shirley MacLaine


Ochenta años cumplía el pasado abril y cuentan las crónicas de la farándula que su longevidad es la única sorpresa que no guarda. Porque Shirley MacLaine es una dinamo, nacida para no detenerse ni un segundo. 
Marcaba el paso con decisión desde pequeña y todavía, distinta en tantos aspectos, vive decidida a mantener el baile al que retó a Hollywood hace seis décadas. 
Seis décadas desde que el mundo tuvo el gusto de conocer a la pícara, dulce, entusiasta Shirley MacLaine, la pelirroja que abría los brazos y gritaba de alegría entre abalorios con la misma fuerza que se ensoñaba, entornaba los ojitos y no había nadie en la audiencia que no deseara abrazarla y besarle los párpados.

 

Shirley, de nena a señora, amadísima por tantos espectadores, buena mujer de redaños, detrás de las cámaras y delante de sus mejores películas. 
La excitación por ella es variable, pero consistente; hay muchas MacLaines, algunas mejores que otras, pero en la profesión, nadie ha querido equivocarse con Shirley.
Don Siegel lo decía: "Cuesta sentir algún calor por ella. Es muy poco femenina y tiene demasiadas pelotas. Es dura, muy dura". 
"Es la actriz más desagradable con la que he trabajado", aseguró Anthony Hopkins, mientras hubo Dios y ayuda en plató cuando Shirley se cruzó con otra genuina complicada como Debra Winger.
¿Fue ese el secreto de su supervivencia? Comportarse como un hombre en los rodajes, ser una mujer con todas las letras sólo en pantalla, costearse enemistades, apañarse aliados.


Como artista, ha sido irregular, no siempre a la altura de sus talentos y a la satisfacción de sus pretensiones, aunque avasallante por regla suprema. 
Ha bailado, ha cantado, ha hecho reír, ha querido que su público enjugase lágrimas con ella, fuera con el pelo a lo garçon, despeinada, sobrepuesta de pelucas o súper maquillada. 
Lo de Shirley ha sido jugar y brillar, siempre brillar. Es una entertainer, decidida a no dejar indiferente desde que entra por la puerta hasta que la imagen funde a negro.


Además de su fama de señora de armas tomar, también ha sido una genial mordaz, con el piquito inteligente bien preparado, las risas del personal aseguradas y, de fondo y forma, una clara vocación para comunicar opiniones y experiencias. Como perpetradora de best-sellers, como diva entrevistada, como cotilla de su propia existencia, ha sido un hacha de efectividad.
Y, cuando ya tenía la sartén de su nombre y su caché por el mango, ahí que le llega la prueba definitiva de que es una diva de Hollywood: su hija la pone a caldo en jugosa biografía.
Porque todo lo que se conjuga con Shirley MacLaine es puro desenfreno y no hay pausa posible con esta señora.

Porque no hubo pausa desde que Shirley MacLaine Beaty nació en Virginia, de padres profesores y vida interrumpida por el fragor de los intereses deportivos y artísticos de la pequeña.
Tomaba clases de ballet o jugaba con los niños a baloncesto, con una competitividad que le valieron el adecuado nombre de "Powerhouse". Tanto la danza como la representación comenzaron a centrar sus ambiciones en la infancia, para finalmente decidirse por el teatro.
Antes de terminar el instituto, se presentó en Nueva York para conseguir un papel en Broadway, época que definiera como su decisiva curtidora.
Tras varios intentos, alcanzó el rol de suplente de la actriz Carol Haney en "The Pajama Game". Como una historia salida de un musical de Busby Berkeley, Carol Haney se torció un tobillo y los focos registraron el rostro de Shirley MacLaine por primera vez.
De Broadway llegó al Hollywood de mediados de los cincuenta y se topó con una sucesión de suertes que la hicieron señorita de renombre en cuestión de cinco años.
Su debut fue nada menos que a las órdenes de Alfred Hitchcock en su comedia negra "Pero, ¿Quién Mató a Harry?", donde irrumpía andrógina, tímida y encantadora como se la conociera en aquellos años.

Con John Forsythe en "Pero, ¿Quién Mató a Harry?"

Irreconocible y aún más decorativa se la ve en "La Vuelta Al Mundo en Ochenta Días", donde fue la princesa hindú Aouda en oscarizada e hinchadísima adaptación de la viajera novela de Julio Verne.
Congeniar con el "Rat Pack", panda de compadres liderada por Frank Sinatra y Dean Martin, fue esencial en esos años y, de hecho, fue la única mujer que podía seguir el ritmo de los fiesteros de Hollywood por excelencia.

Con Frank Sinatra y Dean Martin

Sucedía al ritmo de la participación de Frank y Dean en el melodrama "Como Un Torrente", donde también intervino Shirley y de qué manera.

"Como Un Torrente" 

Era la sensible, romántica y finalmente trágica prostituta; el primer papel que la veía en el lado triste de la vida y el primero que hacía llorar. 
Su nominación al Oscar por "Como Un Torrente" la firmaba como actriz a tener en cuenta y nadie le hizo la reverencia mejor que Billy Wilder, el director que prácticamente creó a Shirley como chica del cine.

Con Billy Wilder

¿Cuál es el secreto de "El Apartamento", esa comedia donde se sufre mucho? Un milagro cernido sobre una unión de talentos. Entre ellos, el de Shirley MacLaine que cautivó como la ascensorista que asegura que "las chicas que se acuestan con hombres casados no debieran llevar rímel". 
"El Apartamento", triunfo de triunfos, la apuntó decidida en todas las quinielas para llevarse la estatuilla de la Academia.

Con Jack Lemmon en "El Apartamento"

"Y Elizabeth Taylor sufrió una traqueotomía", aseguró para explicar por qué perdió esa noche, la misma que inauguró su legendaria obsesión por llevarse el premio.
"El Apartamento" la hizo estrella y personalidad, mientras recibía con los brazos abiertos a su hermano pequeño, el por entonces debutante Warren Beatty, formando enseguida la pareja fraternal más poderosa del momento.
Desde que se conociese la voracidad sexual de su hermanito, ella, preguntada al respecto, añadió:
- Soy la única actriz de Hollywood que no se ha acostado con Warren Beatty.
Dos décadas más tarde, cuando apareció por los Oscars la noche que él ganaría como mejor director por "Rojos", Shirley se confesó orgullosa de su pequeño Warren y bromeó:
- Ay, no quiero ni pensar lo que hubieras conseguido si hubieses abrazado la castidad.

Con su hermano Warren Beatty

Las suertes de los hermanos fueron distintas. 
Él lo tuvo todo a sus pies desde el primer día. Ella, pese a empezar antes, estuvo ante el precio del estrellato para muchas mujeres del cine y, así, fue cara de buenos papeles y cruz de desperdigados éxitos.

Con Audrey Hepburn en "La Calumnia"

Su aún infravalorada maestra lesbiana de "La Calumnia" (The Children's Hour) no suscitó particular emoción en su momento, mientras sí lo hizo el fenomenal éxito de "Irma la Dulce", donde repetía con Billy Wilder y Jack Lemmon.
Aunque para empeño definitivamente más tontorrón que "El Apartamento", volver a vestirse de adorable pilingui fue boleto para arrasar en taquilla.

Con Jack Lemmon en "Irma, La Dulce"

Sus talentos musicales centraron su atención durante los años sesenta y codició otro papel de corazonable prostituta: "Sweet Charity", musical de Broadway que reversionaba "Las Noches de Cabiria". 
Shirley le dio la oportunidad a Bob Fosse de dirigir la adaptación cinematográfica y ella se entregó a fondo en un rol hecho a medida.
De hecho, la canción "If My friends Could See Me Now" quedó identificada desde entonces con Shirley MacLaine y la acompaña en todas sus apariciones.

"Sweet Charity"

Pero "Sweet Charity" fue un colosal fracaso comercial y también la aparición de un interrogante en el potencial de una actriz que convencía a ratos.
Quizá escarmentada, se las vio más popular y relajada como la monja que se cruza con Clint Eastwood en "Dos Mulas y Una Mujer", divertido western revisionista, donde se conformaba una de las parejas más sexys de la Historia del Cine.

Con Clint Eastwood en "Dos Mulas y Una Mujer"

Los años setenta abrían un vacío relativo, que se vivió en pocas películas, giras con una representación teatral y un breve escarceo con la televisión. 
En 1977, reaparecía como la bailarina retirada de "Paso Decisivo", enésimo esfuerzo dramático para que le dieran el Oscar y enésima vez que lo perdía.
A principios de los ochenta, anunciaba divorcio y cambio de ritmo. Una nueva Shirley MacLaine arribaba y lo hacía con el desafío de vender madurez y lecciones aprendidas.
Casada desde el principio de su carrera con el empresario Steve Parker, se decidía a ponerle fin en 1982, pero sería muchos años más tarde cuando Shirley confesaría que habían mantenido un matrimonio abierto casi desde el "sí, quiero".
No perdió el tiempo y ese mismo año de separación, Shirley ya vivía en el rodaje de "La Fuerza del Cariño", apuesta definitiva para trascender como actriz de edad apreciable. 
Tormentas se vivieron en el plató con Debra Winger, mientras se narraba en ficción la difícil relación de una madre y una hija a lo largo de los años.

Con Debra Winger en "La Fuerza del Cariño"

El melodrama - tosco, falsamente realista y manipulador, como todo lo que toca el fariseo de James L. Brooks - hizo llorar a la concurrencia y se convirtió en una de las películas del año, refrendada por un montón de Oscars.
Shirley, tras retahíla de nominaciones, se agarró finalmente a su premio y aseguró que esa noche le había resultado tan larga como su carrera. "Me lo merezco, adiós", dijo.


Se lo merecía por su carrera y sus proverbiales ovarios, pero la interpretación de "La Fuerza del Cariño" estaba muy lejos de sus empeños más sutiles y encantadores.
"La Fuerza del Cariño" inauguró la Shirley abrasiva, efectista, poseída de maquillajes y pelucas. La divona con sus papeles de madres devoradoras y viejas excéntricas, no tan irresistibles como sus luminosas prostitutas e irrefrenables casquivanas de los primeros tiempos.
Muchas actrices mejoran con el paso del tiempo. Shirley, en cambio, ha perdido de su bouquet original, pese a absorber tanto poder y mantenerse sólidamente en la profesión pasados los sesenta. 
En definitiva, cuesta reconocer a Fran Kubelik en obvios shows como "Madame Sousatzka" o "Magnolias de Acero". Incluso la voz ha cambiado por completo.

"Madame Sousatzka"

Durante los años que circundaron "La Fuerza del Cariño", Shirley comenzó a publicar una ingente cantidad de autobiografías y diarios personales, que contaban sus desventuras en Tinseltown y su descubrimiento de la filosofía New Age. 
Shirley MacLaine se hacía una de las voces del neo espiritualismo que vino a saciar la crisis existencial de tantos liberales de su edad y así ha querido narrarnos experiencias extracorpóreas, recuerdos de encarnaciones pasadas y avistamientos de OVNIS, desatando la hilaridad ajena, aunque, por el camino, haciéndose con un nuevo público y un nombre en las editoriales.


Sus damas de la pantalla han simulado reflectar tanto sus disparates privados como su deslenguada manera de proceder en la vida hasta el punto de ser indisociables.
En los últimos años, se ha prestado con gusto a papeles secundarios de abuela con el veneno preparado entre cóctel y cóctel, que, al mismo tiempo, resulta intensamente confortable.
Lo más reciente ha sido prometerse espectacular en su desembarco en "Downton Abbey" para duelo con Maggie Smith, aunque su cirugizado aspecto quedó en hierática decepción y victoria de la Smith.


Como miembro de la guardia demócrata del Hollywood sesentero, todavía cierra filas con su hermano Warren Beatty o con su infalible amiga Barbra Streisand, mientras mete la cabeza pelirroja en eventos benéficos o se presenta indiscutible en homenajes a los actores y actrices de su generación.


Responde a entrevistas, firma autógrafos, arrebata las atenciones y se fotografiaba hasta el otro día al lado de su hija, Sachi Parker, que, cómo no, tenía algo que decir sobre su celebérrima madre.

Con Sachi y su marido Steve Parker

En 2013, se publicaba la autobiografía de Sachi sobre Shirley MacLaine, donde hablaba de los motivos del distanciamento, fruto de la sucesión de acontecimientos devenidos de ser hija de una famosa y, para colmo, bastante dragona.


Sachi nos ha contado desde los destructivos celos que Shirley tenía ante la incipiente carrera artística de su hija hasta cuando su madre la echó de casa a los diecisiete años con el mandato de "búscate la vida". Sobreprotectora y distante, bien mediaba en la necesidad de que Sachi perdiese la virginidad cuanto antes, bien desaparecía durante temporadas de la vida de su hija. 
Sachi Parker ha brindado el retrato de una mujer difícil y alocada, cuya tambaleante carrera artística se ha compaginado fatalmente con el oficio de la maternidad.


Preguntada, Shirley MacLaine ha asegurado que todo lo escrito es ficción, aunque su nombre ya puede inscribirse en el registro de celebradas actrices con vástagos que lo cuentan todo con mucho detalle para cobrárselas, más tarde o más temprano.


Tormentas domésticas a un necesario lado, ¿hay interrogantes en la vida profesional de esta Powerhouse? Si hay alguna duda sobre ella, que esa jamás sea su energía, la verdadera responsable de mantenerla a flote, contra viento, marea, envidias y equivocaciones. 
Se cuenta en las crónicas de la farándula que, sin Shirley MacLaine, las luces de la fiesta hubiesen brillado con menor fulgor.

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